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El eminente antropólogo Julio Caro Baroja (1914-1995), realizó un estudio de gran interés sobre la leyenda de Teodosio de Goñi analizando sus elementos y comparándolos con los de otras leyendas conocidas en Europa. Resalta el autor que la leyenda del señor de Goñi le atrajo desde siempre por motivaciones personales y familiares. Su octavo apellido era precisamente Goñi y la tradición sobre el origen de su familia incluía entre sus ancestros a Don Teodosio. El documento que demostraba la relación de la abuela materna de Don Julio, Carmen Nessi Goñi con los antiguos propietarios del palacio de San Miguel de Goñi, "Larrainagusia" ocupaba un lugar destacado de la casa de Carmen y pasó también, por interés de Don Julio, a ocupar un lugar principal en el comedor de "Itzea", la casa de los Baroja en Bera.

 

Caro Baroja argumenta que el origen de esta leyenda está relacionada con la pretensión de un linaje concreto por demostrar su nobleza y relación con un hecho glorioso y decisivo para el reino de Navarra. De este ámbito familiar o particular habría pasado a ser asumido por el conjunto social como un capítulo propio de la historia común de Navarra.

Señala Caro Baroja como elemento principal de los hechos que relata la leyenda, el parricidio involuntario por inducción del demonio.

  La niebla difumina las siluetas de los árboles
La niebla difumina las siluetas de los árboles
 

El tema del parricidio tiene una consistencia acrisolada como acción dramática desde tiempos de la leyenda griega. La "Odisea" de Homero o "Edipo Rey" de Sófocles nos dan buena prueba de ello. Caro Baroja cita también obras que utilizan este argumento, debidas a autores como Eurípides, Séneca, Diodoro, Pausanias, Apolodoro e Higinio y otros escritores de Finlandia y de Ucrania, e incluso un relato de genealogía gentilicia de la isla de Java.

En el ámbito cristiano, cita varias leyendas como la de Judas Iscariote, surgida en la Edad Media, que atribuye al apóstol traidor los delitos de asesinar a su padre y de cometer incesto con su madre antes de conocer a Cristo. Se fija especialmente Caro Baroja en dos leyendas con similitudes y algunas diferencias respecto a la de Teodosio: la de San Julián el Hospitalario y la de San Albano. Ambos son santos relacionados con peregrinaciones y penitencias.

Un día que San Julián está cazando en el monte, un ciervo le predice que asesinará a sus padres. Para evitar que se cumpla la profecía, Julián huye en secreto de la casa paterna y contrae matrimonio con una viuda. Sus padres se dedican a buscar al hijo perdido y llegan al castillo de la nuera, quien les recibe gratamente al conocer quiénes son y les ofrece su lecho para descansar. Julián adivina los dos cuerpos en la cama y al suponer que su esposa yace con otro hombre perpetra el doble parricidio profetizado, del que toma conciencia al encontrar en la calle a su mujer que regresa de misa. Como penitencia por su pecado construye un hospital cerca del río y se dedica a ofrecer posada a los pobres y a ayudarles a cruzar el río. Años más tarde, recibe la visita de un ángel que le manifiesta que Dios le ha perdonado ya su pecado. Poco tiempo después, muere con reconocimiento de santidad por sus buenas obras y limosnas.

San Albano nace fruto del amor incestuoso del Príncipe Hisano de Hungría y de su hija. El niño es abandonado y recogido por un príncipe. A los 20 años, su padre adoptivo le pide que escoja novia y, entre varios retratos, Albano elige el de su propia madre, con la que se casa. Poco antes de morir, el padre descubre a Albano su origen adoptivo, y le entrega el pañal de recién nacido que llevaba cuando fue abandonado. La esposa reconoce el pañal por lo queda en evidencia el incesto. Madre e hijo van a Roma a pedir el perdón al Papa, quien les impone la penitencia de andar siete años por los montes, sin comer más que yerbas silvestres ni dormir en cama. Pero al volver a sus tierras, el demonio tienta a Hisano, quien comete el mismo pecado de incesto, y Albano mata a padre y madre. El Papa le ordena levantar en el lugar del crimen una ermita y vivir en ella como anacoreta, junto con un compañero con órdenes sacras, rogando por sus padres con sus calaveras delante, hasta la muerte, que acontece siete años más tarde.

 

En cuanto a la época en que se originó la leyenda de Teodosio de Goñi, determina Caro Baroja la de finales de la Edad Media, tiempo en que se desarrolla la heráldica, se establecen los padrones de las familias nobles palacianas y se consolidan los intereses genealógicos o de linaje. En definitiva, la leyenda, que vincula una vieja casa navarra, el culto al árcángel y un medio físico popular, es muy posterior a los orígenes del culto a San Miguel en Navarra, fenómeno que es históricamente muy anterior a ella.

  Escudo del linaje de los Goñi
Escudo del linaje de los Goñi